Nuestra historia...

Un poco de historia

Las ventas han sido durante un largo periodo de tiempo, sin lugar a dudas, los hitos más significativos de la caminería, constituyendo punto de referencia y lugar de descanso, donde recuperarse de las penalidades del viaje.

Carretera sin asfaltar

El valle de La Cerradura ha constituido desde la antigüedad una de las más importantes vías de comunicación entre el centro y el sur peninsular, pues ya desde la antigüedad, hace más de dos mil años, contaba con una importante vía de comunicación; la calzada romana que unía las ciudades de Cartago Nova (Cartagena) con Cástulo (próxima a Linares), y sus veredas y caminos han visto pasar a Ejércitos y mercaderes romanos, a Fernando III el Santo en sus avances por tierras Granadinas, Enrique IV y su comitiva real, a los Reyes Católicos en los prolegómenos de la conquista de Cambil y Alhabar, a Felipe IV en su visita a Andalucía o a la Reina Isabel II, además de numerosos viajeros ilustres como Richard Ford, el Barón Charles Davillier, Teofilo Gautier, Alejandro Dumas y el genial dibujante Gustavo Dore, que además nos obsequió durante su viaje con un magnifico gravado de la diligencia a su paso por La Cerradura; y sobre todo un sinfín de arrieros, buhoneros, caleseros, trajinantes, acemileros, frailes, peregrinos, estudiantes y viajeros anónimos, auténticos alma mater de nuestras ventas.

Pues si bien hoy día una autovía atraviesa nuestro valle, en la antigüedad las cosas no resultaban tan cómodas. Pasado el esplendor de la caminería romana, los años que le siguieron, y fueron muchos, los caminos, aun tratándose del camino real de Toledo a Granada, dejaban mucho que desear.

Y así encontramos descripciones como las del morisco granadino Alonso del Castillo, médico y traductor oficial de Felipe II, que en 1587 describe el camino como “escabroso, lleno de dificultades y capaz de producir cansancio aun en el más esforzado viajero.”

Años más tarde, en 1624, con motivo del viaje de Felipe IV, el Corregidor de Jaén, en una carta dirigida al Aposentador Mayor de su Majestad, le hace constar que ya han procedido a aderezar los caminos que tocan a Cambil y Pegalajar, apostillando al final “Certifico a Vuestra Majestad que son harto malos”. Primer coche de viajeros Otro viajero francés, F. Bartaud, en 1659, anota en su diario de viaje: Este paso dura cinco leguas largas, que van desde La Manchuela (Mancha Real) hasta Campillo, y se estrecha particularmente desde Pegalajara, donde va siempre por entre dos líneas de rocas y en donde hay muchos sitios donde las mulas no podrían pasar más que de una en una. Yo pasé en esas cinco leguas de camino el mismo torrente dieciocho o veinte veces, antes de llegar a esa parte célebre, que es una roca cortada a cincel y a plomo cuyos dos lados son un poco menos altas que las torres de Nuestra Señora de París (Se refiere al paso de Puerta Arenas).

La construcción, a mediados del siglo XVIII del puente nuevo y las importantes obras realizadas durante las primeras décadas del siglo XIX con motivo de la declaración de camino oficial de Madrid a Granada, serán el comienzo para que esta vía de comunicación empiece a tomar importancia.

Pero a pesar de todas estas mejoras a mediados del siglo XIX, el viaje de Jaén a Granada aun resultaba bastante penoso, y así nos lo describe D. Rafael Ortega Sagrista en uno de sus magníficos relatos, rememorando las historias que escuchara de su abuelo: Mi abuelo iba a Granada a estudiar farmacia, en las galeras de José Mª Fernández, cosario que vivía en la calle Tableron, le costaba el viaje treinta reales. No era cómodo, porque se iba entre pellejos de vino y otras mercancías. La galera, era un carro grande, con cuatro ruedas, al que se le ponía un toldo de lienzo fuerte. Iba tirado por mulas y tardaba dos días en el viaje a Granada. Al anochecer encendía un farol o linterna de cristales empañados y tenue luz de aceite. Haciendo noche en la Venta Barajas, donde podía cenar por seis reales y dormir en buena cama por una peseta.

Arrieros en la puerta de La VentaVenta vista desde el Canal

Las galeras aceleradas, tardaban solo un día, hacían de cinco a seis kilómetros por hora, (una legua), saliendo de Jaén al alba o aun de noche.

Las diligencias eran mas rápidas, solo echaban nueve horas en el viaje, y como es natural la velocidad se paga, setenta reales en el cupé, asiento situado en todo lo alto, junto al mayoral, delante de la baca atestada de equipajes cubiertos por una lona, y cinco o seis duros en berlina, detrás del pescante o en el interior del coche, las diligencias renovaban los caballos cada cinco o seis leguas. (Es decir, cada treinta kilómetros sobre poco más o menos).


De las nueve ventas localizadas en estos parajes, seis pertenecen al término municipal de Pegalajar y tres al término de Carchel; siendo la Venta del Puente, la única que continua activa.


La Venta del Puente

Familia en la puerta de La Venta

Se encontraba situada dentro del término de Carchel, justo en frente del antiguo puente de hierro de Cambil, del que tomaría el nombre, y por encima de la Venta del Gallo. Comenzó su andadura sobre 1922, ya que, aunque el edificio existía con anterioridad a esta fecha, pues lo encontramos documentado en 1891 como cortijillo de Blas, su uso era distinto, pues estaba dedicado a controlar la tara de los vehículos que cruzaban el puente, principalmente cargados de piedra de las canteras del Mercadillo, así como de otras mercancías. En la fecha ya indicada el edificio fue adquirido por un señor conocido por Juan Ventas el cual modificó la construcción destinándola a la venta de vinos y licores pasando desde entonces a ser conocida como la Venta del Puente de Cambil, siendo hoy día si no el más antiguo, uno de los negocios más antiguos de la carretera que une Jaén con Granada.

Tres años más tarde, en 1925, el Sr. Juan Ventas vende el negocio al matrimonio formado por Gregorio Rodríguez Quesada y María de las Nieves Garrido Braceros, los cuales durante 28 años llevaran las riendas del negocio, principalmente la abuela María de las Nieves, ya que Gregorio padecía una parálisis que le incapacitaba para trabajar. Fueron años muy difíciles con la Guerra Civil de por medio y las inundaciones en 1949, pero que consiguieron capotear con mucho trabajo y esfuerzo. El matrimonio tuvo seis hijos, Pedro, Agustín, Antonio, Gregorio, Teresa y Lucia.

Será Antonio Rodríguez Garrido casado con Purificación Ramírez Cegrí quien en 1953 tome las riendas del negocio, dada la falta de interés del resto de los hermanos, que consideraban más interesantes otras actividades.

Trabajadores del canal Durante casi 50 años, Antonio y Pura, sacaran la Venta adelante con muchísimo esfuerzo y dedicación, abriendo todos los días y a cualquier hora del día o de la noche, atendiendo con agrado a todos los clientes, principalmente, carreteros, camineros, viajeros, vecinos de La Cerradura y pueblos cercanos, llegando a formar con muchos de ellos una gran familia. Fueron miles y miles de conejos y pollos, unas veces criados por ellos y otras veces comprados a proveedores, los que se sirvieron en el antiguo mostrador del bar y en los veladores situados en el pequeño espacio que quedaba entre la carretera y las paredes del negocio.

El 6 de octubre de 1979, por motivo de las obras de modificación del trazado de la antigua carretera nacional 323, el viejo edificio, será expropiado y demolido y la Venta del Puente cambiara su ubicación estableciéndose desde ese día en el lugar que ocupa ahora, un kilómetro río abajo.

El día 21 de marzo de 1999, después de una larga enfermedad de Antonio, la Venta pasa a manos de una de sus hijas, Chelo Rodríguez que junto con su esposo César Hermoso, sabrán darle un nuevo rumbo al negocio. Desde entonces han sido muchas las ampliaciones y modificaciones que se han realizado, tanto en las infraestructuras como en la oferta gastronómica a sus clientes, siendo ahora halagados muchos de sus platos como el arroz caldoso, las migas o las carnes preparadas de distintas maneras.

También desde el año 1999, la Venta del Puente cambia su nombre, llamándose desde entonces CASA ANTONIO – VENTA DEL PUENTE, en honor a su anterior dueño que tanto luchó, para que hoy sea referente no solo a nivel local sino a nivel nacional.


Finalmente esperamos poder seguir atendiendo a nuestra distinguida clientela a lo largo de muchos más años, intentando ser de su agrado y ofreciéndoles a todos ustedes la máxima calidad en todos nuestros servicios.

Gracias.